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El voluntariado como una nueva escuela

Nacho Blanco llegó a la cocina económica casi por casualidad, o eso creyó al principio. Después de dos años colaborando allí, habla de providencia, de ciento por uno y de la vergüenza —en el buen sentido— de haberse dado cuenta de cuánto juzgaba a los demás.

Nacho tenía su jubilación planificada. Más de 40 años enseñando matemáticas a adolescentes y haciendo tutorías le habían dejado claro lo que quería: tiempo para los proyectos que había ido aplazando.

Pero a los dos años de retiro, una propuesta inesperada se cruzó en su camino: la Cocina Económica de Gijón, una institución atendida por las Hijas de la Caridad y con más de 120 años de historia, que empezó siendo el primer comedor social de la ciudad y que hoy, además de servir cerca de 600 comidas al día, ofrece alojamiento, atención jurídica, asistencia dental, trabajo social y talleres de inserción a las personas más vulnerables.